14
ABR
2017

Meditamos sobre la Pasión de Cristo (09. José de Arimatea y Nicodemo)



Sois hombres ricos, fariseos cumplidores de la ley y estáis abiertos a la verdad por eso, en secreto, seguís a Cristo, por miedo a perder el respeto humano, en lugar de dejar paso a lo divino.
Percibís que el juicio de Jesús tiene un cariz injusto pero no moveréis un dedo. Tal vez, alguna frase para ablandar al tribunal, pero nada eficaz. Tenéis miedo.
En vida, no hacéis nada por Jesús. Y una vez muerto, os desvivís por Él. Tú, José, le regalas tu jardín y un sepulcro. Y Nicodemo le trae aromas, su dolor y su pena.

Son prototipos de los cristianos cobardes, que temen el que dirán, que aman más su fama y su pellejo que a Jesús, que ciertamente no arriesgan nada por Jesús.
Ciertamente José no había dado el consentimiento a la sentencia del Sanedrín. Es verdad. Pero tampoco hizo nada eficaz para salvar a Jesús.

 

¿Por qué ahora tanta diligencia para ofrecer su jardín y un sepulcro nuevo?

Nicodemo lo mismo: llevó mirra y óleo en abundancia. ¡33 Kilos! Un gesto de piedad. Está bien. Pero, ¿y en vida?

Tal vez la muerte de Jesús le fue abriendo a la fe. Y después fueron discípulos audaces de Cristo.

 

¿Vivo yo mi fe con valentía y sin tapujos o depende del contexto en el que me encuentre? ¿Tengo una relación cercana con Jesús, o espero a verle en la cruz durante estos días y luego me olvido de Él?


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